Emilio Segré

Biografía

Emilio Gino Segrè nace el 1 de febrero de 1905 en Tívoli. Estudia ingeniería en La Sapienza, pero en 1927 decide estudiar física, doctorándose en 1928, habiendo tenido como profesor a Enrico Fermi, un personaje clave en la vida de Segré. Tras pasar por el ejército, trabaja desde el año 1928 hasta 1929 con Otto Stern y con Pieter Zeeman como miembro de la Rockefeller Foundation. En el período comprendido desde 1932 hasta 1936, Segrè fue profesor de física de La Sapiencia. Los dos siguientes años será director del laboratorio de física de la Universidad de Palermo. Entonces visita el Laboratorio de Radiación de Berkeley, donde conoce a Ernest O. Lawrence, quien comparte sus avances con el ciclotrón con Segré, lo que permite a este último descubrir el primer elemento químico sintetizado artificialmente, el tecnecio.

En el verano de 1938, Segré se encontraba en EEUU, en California, cuando Mussolini expulsa a los judíos de las universidades. Segré, judío, se ve entonces obligado a acogerse al permiso de emigrante por tiempo indefinido. Ernest O. Lawrence le ofrece un puesto de trabajo como Asistente de Investigación en el Laboratorio de Radiación de Berkeley. Segrè, a causa de las malas condiciones laborales de dicho laboratorio, encuentra trabajo como profesor del departamento de física a la Universidad de Berkeley, donde enseña mecánica cuántica, física atómica y termodinámica, pero sobre todo, donde participa en el descubrimiento del astato y el isótopo plutonio-239, el cual se utilizaría para construir la bomba atómica.

En 1943 acepta la invitación de Oppenheimer para trabajar en los Alamos National Laboratory, el grupo líder del Proyecto Manhattan, en donde dirige el grupo de radioactividad, trabajando además con Edward Teller, Enrico Fermi, David Bohm, Robert Oppenheimer, Niels Bohr, James Franck, Leo Szilard y Klaus Fuchs hasta 1946, cuando regresa a Berkeley como profesor de física hasta 1972. En 1944 adquiere la nacionalidad norteamericana. En 1959 recibe el Premio Nobel por el descubrimiento del antiprotón junto a Chamberlain; y en 1974 vuelve a La Sapienza, donde imparte clases de física nuclear.

Segré fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias (EE.UU.),  de la Academia de Ciencias de Heidelberg, de la Accademia Nazionale dei Lincei, fue galardonado con la medalla de Hoffmann, con la Medalla de Cannizaro de la italiana Accademia dei Lincei, y fue Profesor Honorario de la Universidad de San Marcos en Perú y de la Universidad de Palermo. Entre sus más conocidas publicaciones se encuentra Núcleos y partículas (1972), y también, con otro carácter, su libro Fermi (1982) sobre su amigo y compañero de trabajo. Además, en una faceta menos conocida, Segré desarrolló un interesante trabajo fotográfico en el que se recogen los más importantes eventos y personalidades de la física del siglo XX.

Emilio Segré muere el 22 de abril de 1989 en California de un ataque al corazón.

Labor científica

Emilio Segré contribuyó de forma decisiva en el desarrollo científico del siglo XX con numerosas aportaciones de las que cabe desatacar las siguientes. De su trabajo con Fermi en los años treinta sobresale su investigación sobre los neutrones, descubriendo en 1935 los neutrones lentos, los cuales tienen importantes propiedades para el funcionamiento de los reactores nucleares. De los trabajos del conocido como Grupo de Roma, del que Segré formaba parte, también ha de señalarse la teoría de la desintegración beta.

Del trabajo de Segré en relación a Berkley destacan dos descubrimientos: el del tecnecio y el del plutonio-239.  El tecnecio, primer elemento sintetizado artificialmente, es el radionúclido fundamental de la medicina nuclear actual. El plutonio-239 se utilizó para construir la bomba atómica, ya que se acabó por confirmar las conjeturas iniciales de Fermi y Segré: si se lograra fisionar el plutonio-239, la fabricación de una bomba nuclear se haría factible, dado que se podía usar el isótopo más abundante del uranio como punto de partida de todo el proceso (García Fernández, 1986).

En 1955, junto con Chamberlain Emilio Segré descubrió el antiprotón, descubrimiento que les llevó a recibir el Premio Nobel de física en 1959.

Consideraciones entorno a la bomba atómica

Considero que la figura de Segré y su posición respecto a la bomba atómica: “No reniego de nada”, brinda la posibilidad de desarrollar un interesante debate sobre las circunstancias que rodearon al desarrolló del armamento nuclear durante la Segunda Guerra Mundial, y las diatribas y posiciones morales correspondientes.

Emilio Segré formó parte del Laboratorio de los Álamos, uno de los tres cónclaves elegidos por el gobierno norteamericano para desarrollar el Proyecto Manhattan, esto es: la construcción de armamento nuclear para su uso militar durante la II Guerra Mundial, instaurado también para contrarrestar la amenaza de una bomba nazi. Por tanto, la figura de Segré nos obliga a adoptar la perspectiva sociopolítica del bloque aliado, y en particular la de los EEUU, y sobre todo la de las personas que participaron en toda la cadena de decisiones que llevaron a que el 6 de agosto de 1945 “Little Boy” cayera sobre Hiroshima, y el 9 de agosto “Fat Man” sobre Nagasaki, ambas lanzadas desde bombarderos americanos.

Argumentos a favor del uso de la bomba atómica contra Japón  

El proyecto atómico aliado, y especialmente el Proyecto Manhattan norteamericano, que comenzó como una respuesta a la posible amenaza nazi (Emilio Segré llegó a decir: “¿Saben quién nos empujaba a construir lo más rápido posible la bomba? Era el mismo Hitler”), prosiguió con una nueva finalidad: el uso de la bomba atómica contra Japón. Veamos cómo se defendió dicho argumento.

  1. La clara imposibilidad de lanzar la bomba en cualquier punto de Europa.
  2. El coste humano de una guerra más larga en el Pacífico. La invasión de Japón habría producido enormes bajas en ambos bandos. La captura de Saipan, en 1944, se había cobrado 3.000 bajas militares norteamericanas y 30.000 japonesas. Además, 22.000 civiles japoneses se suicidaron. La captura de Iwo Jima había costado cerca de 7.000 vidas norteamericanas y 20.000 japonesas. Okinawa había costado 12.500 vidas norteamericanas y 100.000 japonesas. A principios de 1945, el general Curtis LeMay ordenó un bombardeo gigantesco sobre Tokio que mató alrededor de 100.000 personas en una noche. El argumento a favor de abreviar la guerra era abrumador. Aún así, también nos podemos encontrar con quienes se preguntaban si para eso era necesario utilizar la bomba o si incluso este final justificaba su uso. Éste es el caso del general Eisenhower, escéptico por dos motivos: “Primero, los japonenses estaban dispuestos a rendirse y no era necesario atacarlos de modo tan horrible. En segundo lugar, odiaba ver que nuestro país fuera el primero en utilizar esa arma”. No consiguió persuadir al presidente Truman.
  3. Una exhibición inocua de la bomba atómica no era posible. Los motivos dados para ello fueron: el peligro de que la bomba de exhibición no funcionara, ya que no se podían permitir el lujo de desperdiciar de esa manera una de las escasas bombas existentes; los japoneses podían suponer que se trataba de un engaño o bien podían atacar el avión que se utilizara en la exhibición; la bomba podía no explotar o no ser lo suficientemente impresionante como parar la guerra.
  4. La rendición de Japón con las condiciones establecidas en la declaración de Potsdam no se daría de otra manera.

Posibles explicaciones morales

A continuación paso a enunciar lo que desde las Ciencias Sociales puede explicar lo que para los científicos como Emilio Segré y otros implicados en la bomba hizo disminuir el sentido de responsabilidad personal en el asesinato de cientos de miles de personas, o los que es lo mismo, cómo se debilitaron los efectos restrictivos de la identidad moral.

  1. Distancia. La distancia no sólo no reduce la simpatía o empatía. También reduce el sentimiento de responsabilidad. Esto contrasta con la participación inmediata. La inmediatez es en general la causa de una repulsión mucho mayor. La necesidad de superar esta repulsión da lugar a una conciencia más vigorosa de una intervención personal. Fortalece la sensación de ser responsable e incrementa la conciencia de la clase de persona que hay que ser para hacer cosas así. Esta conciencia puede hacer que algunos se retraigan de actuar, o desembocar en el sentimiento de culpa posterior. La distancia tiene el efecto contrario; al debilitar la repulsión emocional facilita el acto, reduce el sentimiento de responsabilidad y la conciencia del tipo de persona que en la que uno se convierte al actuar de esa manera. Es menor la presión que tiende a inhibir la acción y es menor la culpa posterior. Ésta es la posición que nos permitiría entender a físicos como Segré, ya que la distancia les permitió convivir sin incomodidad con lo que habían hecho.
  2. Evasión. Los efectos de la identidad moral pueden debilitarse evadiendo todo reconocimiento claro de los que se está haciendo. Los científicos que desarrollaron la bomba se enfrentaron, sin duda, a una cuestión de conciencia, cuestión que algunos asumieron, mientras que otros se refugiaron en la evasión. Muchos físicos fueron muy pronto conscientes de los dilemas morales. Algunos como I.I. Rabi los asumieron directamente y se negaron a participar. Algunos como Segré decidieron que la amenaza de una bomba nazi justificaba el proyecto. Una manera de eludir las cuestiones morales fue concentrarse ingenuamente en el trabajo. Una línea de pensamiento daba por sentado que la responsabilidad de las consecuencias se limitaba a los papeles de cada cual: el de los científicos era realizar descubrimientos, pero qué hacer luego con ellos correspondía a los políticos o a la sociedad. Dicha postura sería a que más nos acercaría a la visión de Segré, ya que llegó a decir: “Me parece una bobada hablar de la responsabilidad del científico. Para tener responsabilidad has de tener poder. No se puede ser responsable de las decisiones de otro. Puedes negarte a colaborar. Pero con eso a veces no basta. Es todo muy complejo”.
  3. Fragmentación de la responsabilidad. El sentido de responsabilidad personal se redujo sobre todo debido a la manera en que se fragmentó la actuación. Entre los hombres que obedecieron la orden de lanzar la bomba, la gran cantidad de científicos que contribuyeron a producirla, el presidente Truman y la gran cantidad de asesores políticos y militares implicados en la decisión: ¿quién mató a la población de Hiroshima y Nagasaki? Nadie parece haber tenido la sensación de que la responsabilidad le correspondía por entero. Tampoco Segré.

El debate moral: medios y fines

A continuación expondré un instrumento para intentar propiciar un debate a modo de perspectiva moral sobre las consecuencias del empleo de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki.

Todos aquellos que participaron de forma deliberada en la construcción y uso de la bomba atómica parecen aferrarse, como el propio Segré, a una posición moral conocida como la doctrina del doble efecto, la cual se invoca para permitir algunos actos que previsiblemente matan a inocentes: allí donde las muertes son previsibles, pero no consecuencias intencionales, y donde además no son desproporcionadas al bien que se apunta, el acto es permisible. La posición contraria sería la prohibición absoluta de matar inocentes.

Un problema que plantea la doctrina del doble efecto reside en el criterio para decidir qué consecuencias de un acto son intencionales y cuáles son meramente previstas. Una posible prueba consiste en preguntar si las consecuencias en cuestión eran deseadas. Esta prueba permitiría el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki si quienes tomaron las decisiones pudieran decir sinceramente: “Sólo queríamos destruir la ciudad, y lamentamos que no hubiera otra manera de hacerlo sin matar también a la gente que allí había”.

De una prueba más exigente se deriva que las consecuencias que, aunque no deseadas, están tan estrechamente relacionadas con el acto que resultan inseparables de éste, son intencionales. Excluye tomar como objetivo cualquier cosa que implicara una gran cantidad de personas inocentes, luego no se podría decir que en los bombardeos sobre las dos ciudades japonesas, los civiles murieron por accidente. En este caso, sería claramente un asesinato. El problema reside en saber cuán estrecha e inextricable ha de ser la distancia entre las acciones y las consecuencias para que estas puedan considerarse no intencionales. ¿Qué razones se pueden dar para trazar la frontera en un lugar y no en otro? ¿Y cuál es el argumento moral para considerar tan importante la frontera?

 

Reflexión personal

Tras lo expuesto, me gustaría centrarme en unas palabras de Emilio Segré como núcleo de mi reflexión personal: “Me parece una bobada hablar de la responsabilidad del científico. Para tener responsabilidad has de tener poder. No se puede ser responsable de las decisiones de otro”.

Me gustaría remarcar la exigencia de una perspectiva política y moral en el quehacer científico, y en este caso, atendiendo a las palabras de Segré, en el de los científicos que formaron parte del Proyecto Manhattan, como consecuencia de sus mayúsculas repercusiones humanas. Y lo hago desde la profunda convicción de que todo acto que afecte o pueda afectar a otra persona ha de ser considerado en su formulación como un acto político en sí mismo. Por todo ello, creo necesario defender la pertinencia de la responsabilidad moral de los actos políticos que desarrollaron los científicos en aquellos años tan complejos, ya que a pesar de honorables excepciones –como las de Bohr, Szilard y Pierls-, lo común entre los científicos (y en el caso de Emilio Segré) fue la ingenuidad de sus presupuestos en materia moral y política.

 

Fuentes consultadas

Glover, J. (2007). Humanidad e inhumanidad. Madrid: Cátedra.

Compton, A. H. (1956). Atomic Quest. Oxford.

http://depa.pquim.unam.mx/amyd/archivero/Bomba_atomica_2_Horacio_Garcia_CyD_1986_13542.pdf

http://www.fte-energia.org/pdf/e65-36-39.pdf

http://www.comoves.unam.mx/articulos/liberacionatomo.html

http://pepsic.bvsalud.org/pdf/rip/v43n2/v43n2a09.pdf

http://es.wikipedia.org/wiki/Emilio_Gino_Segr%C3%A8

 

Una respuesta a Emilio Segré

  1. juanvillaluenga dice:

    ¡Excelente trabajo!

    Has trabajado tanto la parte de biografía como la parte de discusión personal.

    Es un artículo extenso, ameno y riguroso.

    ¡Enhorabuena!

    Los profes de CICO.

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