Albert Einstein (Ulm, Alemania, 14 de marzo de 1879 – Princeton, Estados Unidos, 18 de abril de 1955)

Fue el hijo primogénito de Hermann Einstein y de Pauline Koch, ambos judíos, cuyas familias procedían de Suabia. Pasó su juventud en Munich, donde su familia poseía un pequeño taller de máquinas eléctricas.

Albert fue un niño quieto y ensimismado, que tuvo un desarrollo intelectual lento (aunque después, hablando en términos de IQ, formaba parte del grupo de los muy pocos, que llamaríamos “genios”). Pero el propio Einstein atribuyó a esa lentitud el hecho de haber elaborado  una teoría como la de la relatividad: “un adulto normal no se inquieta por los problemas que plantean el espacio y el tiempo, pues considera que todo lo que hay que saber al respecto lo conoce ya desde su primera infancia. Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo tan lento que no he empezado a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que he sido mayo”.

A la edad de 15 años, cuando su familia se trasladó a Milán, Italia, a causa fracasos en los negocios, pasó un año con sus padres en Milán y viajó a Suiza, donde terminó los estudios secundarios, e ingresó en el Instituto Politécnico Nacional de Zurich. En el otoño de 1896, inició sus estudios superiores en la Eidgenossische Technische Hochschule de Zurich, en donde fue alumno del matemático Hermann Minkowski.

El 23 de junio de 1902, empezó a prestar sus servicios en la Oficina Confederal de la Propiedad Intelectual de Berna, donde trabajó hasta 1909.

En 1903, se casa con Mileva Maric, antigua compañera de estudios en Zurich, con quien tuvo dos hijos: Hans Albert y Eduard. En 1919 se divorciaron, y Einstein se casó de nuevo con su prima Elsa. Einstein era bastante mujeriego y sus dos esposas tuvieron que aguantar continuas infidelidades (según su nieta Evelyn).

Primeras publicaciones científicas

Durante 1905, publicó cinco trabajos en los Annalen der Physik: el primero de ellos, que le valió el grado de doctor por la Universidad de Zurich, proporcionaba una explicación teórica, en términos estadísticos, del movimiento browniano. Los cuatro restantes acabaron por imponer un cambio radical en la imagen que la ciencia ofrece del universo. El segundo daba una interpretación del efecto fotoeléctrico basada en la hipótesis de que la luz está integrada por cuantos individuales, más tarde denominados fotones; los dos trabajos restantes sentaban las bases de la teoría restringida de la relatividad, estableciendo la equivalencia entre la energía E de una cierta cantidad de materia y su masa m, en términos de la famosa ecuación E = mc², donde c es la velocidad de la luz, que se supone constante.

Pero el reconocimiento público del verdadero alcance de sus teorías tardó en llegar; el Premio Nobel de Física, que se le concedió en 1921 lo fue exclusivamente «por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su interpretación del efecto fotoeléctrico». En 1909, inició su carrera de docente universitario en Zurich, pasando luego a Praga y regresando de nuevo a Zurich en 1912 para ser profesor del Politécnico, en donde había realizado sus estudios. En 1914 pasó a Berlín como miembro de la Academia de Ciencias prusiana.

Entre 1914 y 1916, en el perfeccionamiento de la teoría general de la relatividad, basada en el postulado de que la gravedad no es una fuerza sino un campo creado por la presencia de una masa en el continuum espacio-tiempo. La confirmación de sus previsiones llegó en 1919, al fotografiarse el eclipse solar del 29 de mayo.

Durante la siguiente década, Einstein concentró sus esfuerzos en hallar una relación matemática entre el electromagnetismo y la atracción gravitatoria, empeñado en avanzar hacia el que, para él, debía ser el objetivo último de la física: descubrir las leyes comunes que, supuestamente, habían de regir el comportamiento de todos los objetos del universo, desde las partículas subatómicas hasta los cuerpos estelares.

La guerra

Contra el sentir generalizado de la comunidad académica berlinesa, Einstein se manifestó por entonces abiertamente antibelicista, influido en sus actitudes por las doctrinas pacifistas de Romain Rolland.

A partir de 1933, con el acceso de Hitler al poder, tuvo que renunciar a la ciudadanía alemana y trasladarse a Estados Unidos, donde pasó los últimos veinticinco años de su vida en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton.

En 1939, junto con los físicos Leo Szilard y Paul Wigner, convencido de la posibilidad de que los alemanes estuvieran en condiciones de fabricar una bomba atómica, redactaron una carta al presidente Roosevelt en la que se pedía la creación de un programa de investigación sobre las reacciones en cadena (de aquí le viene el sobrenombre de “el padre de la bomba atómica”).  En 1945, cuando ya era evidente la existencia de la bomba, Einstein volvió a escribir al presidente para intentar disuadirlo de utilizar el arma nuclear.

Ciudadano del mundo

Combinó el espíritu crítico con un acentuado sentido del humor. Criticó con dureza el patriotismo prusiano y el antisemitismo, las instituciones militares y la burocracia administrativa. Denunció la militarización y la mercantilización de la ciencia, las armas atómicas y el horror de la guerra en todas sus fases.

En 1914 firmó con un reducido número de intelectuales, entre ellos Romain Rolland de Francia, el Manifiesto a los europeos, en el que se oponía vigorosamente al militarismo alemán. Fue un acto valiente que lo enfrentó a un grupo de más de noventa científicos que, encabezados por el físico Max Planck, apoyaban abiertamente la intervención alemana en la guerra. “Mi pacifismo es un sentimiento instintivo, un sentimiento que se apodera de mí porque el asesinato es repugnante. Mi actitud no proviene de ninguna teoría intelectual sino que está basada en mi profunda antipatía hacia toda clase de odio y crueldad”, –decía. Además de intervenir abiertamente en favor de la estabilidad alemana al cofundar el Partido Demócrata Alemán, ayudó a formar una coalición no partidista que luchó por establecer una paz justa y por instituir una organización supranacional que ayudara a prevenir futuras guerras. En 1922 se unió al recientemente creado Comité de Cooperación Intelectual establecido dentro de la Liga de Naciones.

A lo largo de estos años, Einstein llamó la atención sobre numerosas causas, como la liberación de presos políticos y la defensa de la democracia frente a la expansión del fascismo. Hizo discursos públicos, declaraciones en la prensa, firmó peticiones. En 1924 defendió las posiciones radicales de la Escuela de Arquitectura de la Bauhaus, condenó el servicio militar obligatorio y meses después firmó una protesta contra el fascismo italiano y se sumó a nuevas declaraciones pacifistas –consideraba a Gandhi la figura política más destacada del siglo XX–. En 1929 firmó apoyando las apelaciones para la conmutación de las sentencias de muerte dictadas contra agitadores árabes en la Palestina británica. Y, aunque no fue un judío practicante, apoyó a la comunidad judía desde que comenzó a ser perseguida por el movimiento anti-sionista nazi.

La religión

La expresión más conocida de Einstein en relación con sus creencias fue “Dios no juega a los dados”, para refutar las opiniones de quienes veían al mundo como producto del azar y la indeterminación. En este aspecto, coincidían su indagación científica, sus conocimientos filosóficos y una apreciación de tipo místico de la creación. Tres facetas que se integraban con frecuencia en sus búsquedas intelectuales y trascendentales. Aunque nunca fue practicante religioso, pues rechazaba el aspecto dogmático y el temor que inspiran en sus feligreses las religiones que erigen dioses vengativos y castigadores, no dejó de percibir “la fe más profunda en la racionalidad del universo construido” y lo que denominó como “religiosidad cósmica”, que se manifiesta “en el sublime y maravilloso orden tanto en la naturaleza como en el mundo de las ideas”. “Creo en el Dios de Spinoza, que se nos revela por medio de la armonía de todo cuanto existe, no en un Dios que se preocupa del destino y las acciones del hombre”.

La música

El lado más sensible de Einstein y que, según mi opinión ha contribuido en gran medida a su desarrollo intelectual, lo ha expresado en la música. En una oportunidad, Einstein dijo que, mientras Beethoven creó su música, la de Mozart “era tan pura, que parecía haber existido en el universo desde siempre, esperando a ser descubierta por su dueño”. Einstein creía lo mismo respecto de la física, que más allá de las observaciones y la teoría se encontraba la música de las esferas… que, según escribió, revelaba “una armonía preestablecida”, ya que expresaba asombrosas simetrías. Las leyes de la naturaleza, tal como las de la teoría de la relatividad, estaban esperando que alguien con un oído atento las recogiera del cosmos. Así, Einstein no atribuyó tanto sus teorías a laboriosos cálculos, sino más bien al “puro pensamiento”.

La música era una válvula de escape de sus emociones. A los 5 años empezó a tomar lecciones de violín, pero muy pronto las prácticas le resultaron demasiado duras. A los 13, el físico descubrió las sonatas de Mozart. “El resultado fue una conexión casi mística”, dijo Hans Byland, amigo de Einstein. “Cuando su violín empezó a cantar -le dijo Byland al biógrafo Carl Seelig-, las paredes de la habitación parecieron alejarse… Por primera vez apareció ante mí Mozart en toda su pureza, iluminado con las puras líneas de la belleza helénica, pícaro y travieso, poderosamente sublime.” Tocaba el violín con pasión y con frecuencia lo hacía en veladas musicales. Encantaba al público, particularmente a las mujeres, una de las cuales llegó a firmar: “Tenía esa clase de belleza masculina capaz de causar estragos”.

En sus luchas con enormes grados de complejidad matemática, que lo condujeron a la enunciación de la teoría general de la relatividad, en 1915, Einstein recurría con frecuencia, en busca de inspiración, a la belleza simple de la música de Mozart o Bach.

Cita favorita

“Me pregunta usted qué opino de la vida sencilla. Sencillamente, a mí me produce más alegría dar que recibir en todos los aspectos; no concedo demasiada importancia a mi persona ni a lo que hace la muchedumbre; no me avergüenzo de mis debilidades ni de mis vicios; y por naturaleza acepto las cosas con humor y con calma. Hay muchos como yo, y no acierto a comprender en absoluto por qué han hecho de mí una especie de ídolo. Resulta tan incomprensible como el que un alud, a causa de un copo, se desprenda y tome un determinado camino”.

Fuentes:

http://www.planetariodebogota.gov.co/descargas/publicaciones/einstein.pdf

http://www.biografiasyvidas.com/monografia/einstein/cronologia.htm

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=12370

4 respuestas a Albert Einstein (Ulm, Alemania, 14 de marzo de 1879 – Princeton, Estados Unidos, 18 de abril de 1955)

  1. noeliarodriguezcampos dice:

    Que pena que personajes como Albert no sean inmortales!! Ademas de aportar mucho a la ciencia gozaba de un sentido del humor diferente, seguramente por su inteligencia, decía las cosas de manera que cuando las piensas detenidamente y las entiendes al rato, te das cuenta de que detrás de ellas se esconde algo mas. Sobre esto hay una frase que me encanta de él que dice:

    “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”

    Ademas de ese humor, algo oscuro, también se caracterizaba por decir cosas tan profundas como esta otra cita:

    “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.”

    Me gusta este personaje, por que cada frase que leo o escucho de él, es mejor que la anterior, y eso muestra el genio que era!!!

  2. geowally dice:

    La verdad es que con este científico no puedo ser imparcial. Desde siempre, Einstein ha sido una figura que he admirado incondicionalmente, y gracias a tu entrada ahora lo conozco mejor.
    Buen trabajo.

  3. juanvillaluenga dice:

    Has realizado un buen trabajo. Riguroso, extenso, bien documentado y ameno.

    La parte de tu valoración personal parece ser copiada de alguna de las fuentes que has consultado. Hubiera sido deseable que fuera más fruto de tus reflexiones personales.

    Los profesores de CiCo.

    • juniore dice:

      Gracias.
      En cuanto al tema de copiar, yo no he hecho ningún apartado de “valoración personal”, sino que he cobinado ideas, citas y datos de las fuentes indicadas con mis valoraciones sobre el tema. En algunos apartados más (Einstein y la música), en otros menos (biografía), pero es normal copiar datos de sitios donde hay información que yo no conozco.

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