Joseph Rotblat

Joseph Rotblat fue un físico nuclear y activista polaco, nacido el 4 de noviembre de 1908 en Varsovia y que falleció el 31 de agosto de 2005 en Londres, Reino Unido.

A pesar de sus interesantes aportaciones como científico, Rotblat es conocido por haber sido laureado con el honorífico premio Nobel de la Paz de 1995 en consideración a su importante trabajo por el progreso del desarme nuclear: “por sus esfuerzos para disminuir el papel que desempeñan las armas nucleares en la política internacional y, a largo plazo, eliminar dichas armas”. El premio lo compartía con las Conferencias Pugwash sobre Ciencia y Asuntos Mundiales, de las que él mismo fue Secretario General y Presidente durante muchos años, y que tanto ayudaron a derribar el Telón de Acero, al facilitar el diálogo entre los científicos de las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética.

BIOGRAFÍA

Rotblat experimentó ya desde su infancia los horrores que deja tras de si una guerra. Cuando solo contaba con cinco años, estalló la Primera Guerra Mundial. De manera que  su familia, gente de clase acomodada y de origen judío, lo perdió todo. A raíz de la dura posguerra que sufrió Polonia, Rotblat desarrolló una fuerte independencia y tenacidad que junto al afán de superación, le ayudaron a desarrollar su gran sentido de la ética y su ciencia. Se conoce muy poco de su vida personal, más aún de la época que describe su infancia y madurez.

Comenzó su formación profesional a la edad de quince años, cuando empezó a trabajar como electricista. Ésto, sumado a su gran curiosidad y a  la pasión que sentía por la lectura, le empujó a iniciar la carrera universitaria en Ciencias Físicas. Para esto realizó un examen de acceso a la Universidad de Varsovia. Así, en 1925 obtuvo el Diploma en Ingeniería Eléctrica, en 1932 el grado Magister en Filosofía y, finalmente, en 1938 el de doctor en Física.

Trabajó, en calidad de ayudante, en el Laboratorio Radiológico de la Universidad de Varsovia hasta el año 1939, centrando su investigación en el estudio de los neutrones. En el mes de Abril de ese mismo año, aceptó la invitación del científico inglés James Chadwick (premio Nobel de Física por ser el descubridor  de los neutrones en el año 1932) para la construcción de un ciclotrón en la ciudad de Liverpool.

A finales de Agosto, estando en Inglaterra, estalló la Segunda Guerra Mundial. Polonia cayó bajo la invasión nazi impidiendo a Rotblat regresar o rescatar a su mujer y el resto de su familia. Ante la fuerza que mostraba Hitler, Rotblat tomó la determinación de presentarle a Chadwick un plan de investigación sobre la viabilidad de la construcción de la bomba atómica, a fin de detener a los nazis. De manera que ayudó a poner en marcha el Proyecto Manhattan, pero de entrada no participó en él al no querer aceptar la nacionalidad inglesa, cosa que le parecía una deslealtad hacia su país en un momento tan crítico. Pero el general Groves, sabedor de su importancia en el proyecto, hizo una excepción con él y se trasladó a Los Álamos. No fue hasta el año 1946, cuando se certificó la muerte de su querida esposa, que Rotblat aceptó la nacionalidad inglesa.

A mediados de 1944, a los meses de comenzar a trabajar en Los Álamos, conversando con el general Groves se dio cuenta de que el verdadero objetivo de la construcción de la bomba por parte de EEUU era el de poder someter a los rusos (aliados con ellos en este conflicto) una vez terminara la guerra. A finales de ese mismo año se convenció de que los alemanes no serían capaces de llevar a cabo el proyecto y, por tanto, no habría peligro de que usasen la bomba como arma. Esto, sumado al hecho de que veía innecesario el uso de la bomba contra Japón, le empujó a abandonar el proyecto. El servicio de inteligencia de Los Álamos creyó que esta decisión no significaba más que Rotblat debía ser un espía ruso; por lo que fue retenido, inculpado, absuelto y posteriormente vigilado hasta prácticamente el fin de la guerra.

A su regreso a Reino Unido, Rotblat decidió centrar sus esfuerzos en una rama de la física cuyo fruto no sirviese más que para beneficiar a la humanidad. Con esta determinación, entró a trabajar en el Hospital St. Bartholomew desarrollando la física nuclear en medicina.

A pesar de que veía una forma de realizarse a sí mismo en su trabajo, no quiso conformarse con ello. Consideró que, como era necesario que la gente conociese el grandísimo peligro que representaban las armas nucleares, debía mostrarse más reivindicativo. De modo que fundó en 1946 la Asociación de Científicos Atómicos Británicos (BASA, de sus siglas en inglés). Colaboró con Einstein y con el matemático y filósofo inglés Bertrand Russell en el famoso Manifiesto Einstein-Russell de 1955, después de los primeros ensayos con la bomba de hidrógeno, en el cual se llamaba la atención de los científicos sobre las consecuencias de su trabajo y la necesidad de reflexionar sobre ellas. Y fue uno de los promotores de la Campaña para el Desarme Nuclear, lanzada en 1958.

Pero su instrumento más valioso para luchar contra la amenaza nuclear fueron las llamadas Conferencias Pugwash. En 1957, Rotblat organizó una conferencia sobre ciencia y asuntos mundiales, financiada por el industrial norteamericano Cyrus Eaton. Por exigencia de Eaton, se celebró en Pugwash, un pequeño pueblo pescador de Nueva Escocia, Canadá, donde él había nacido. La reunión fue un éxito y pronto se repitieron anualmente. En las Conferencias Pugwash participaban científicos de todo el mundo, aunque la mayoría eran de Gran Bretaña, Estados Unidos y la Unión Soviética. En medio de la Guerra Fría, era un hecho insólito que científicos de los dos bandos se reunieran y conversaran, lo que ayudó a acercar posturas y rebajar la tensión entre los dos grandes bloques. En ellas se establecieron, por ejemplo, las bases técnicas de algunos acuerdos como el Tratado de No Proliferación Nuclear o el Tratado sobre Misiles Antibalísticos.

Por su lucha de cuarenta años en contra del riesgo de guerra nuclear, mediante escritos, conferencias, organización de estudios y otras actividades, Rotblat recibió el Premio Nobel de la Paz de 1995, compartido con las Conferencias Pugwash sobre Ciencia y Asuntos Mundiales que él presidía entonces, y que continuo haciendo hasta el día de su muerte.

APORTACIONES CIENTIFICAS

A pesar de que la Universidad de Varsovia no poseía más que un rudimentario equipo en el laboratorio de Radiología, Rotblat hizo importantes contribuciones a la física nuclear tales como el estudio de las colisiones inelásticas entre neutrones y el descubrimiento de varios isótopos radioactivos. Asimismo, fue el primero en darse cuenta que los núcleos de uranio, al partirse, emiten neutrones, posibilitando una así una rápida reacción en cadena favorable a la creación de explosivos. Esto le hizo cavilar acerca de la magnitud que una bomba de uranio podría alcanzar en manos de los nazis, llegando al extremo de obsesionarse.

Más tarde, cuando entró a trabajar en el Hospital de St. Bartholomew, hizo grandes avances de cara al desarrollo de la física médica concentrándose en los efectos biológicos de las radiaciones nucleares, en la producción y uso de isótopos radioactivos para la curación de tumores y en construir instrumentos para la radioterapia, por ejemplo un acelerador lineal.

OPINIÓN PERSONAL

A la hora de valorar este personaje, me encuentro ante la dificultad de no hacerle justicia. Por lo que se conoce de él no se puede decir otra cosa salvo que Joseph Rotblat fue un científico honrado y coherente con sus principios y, más aún, un hombre de fuerte voluntad con una ética y una moral intachables.

Fue un hombre en extremo reservado, sin credo manifiesto y, según los que le conocieron, un hombre atento y de carácter amable. Un pacifista nato.

Su participación en el Proyecto Manhattan estuvo motivada únicamente por sus deseos de detener a los nazis, evitando así el sufrimiento que, como él muy bien sabía, deja tras de sí una guerra. Tras el desengaño que sufrió al conocer los verdaderos objetivos del proyecto, cabe destacar que aunque más de uno compartía su desazón, él fue el único en abandonar la construcción de la bomba atómica. Con esto demostró una gran valentía y una enorme conciencia social.

Por tanto no debería ser clasificado como científico perteneciente al Proyecto Manhattan, sino como científico perseguido, ya que su acción le hizo llegar a formar parte de en la lista negra del presidente Nixon, siendo tratado como un espía y un traidor.

Tras la muerte de su esposa y la tragedia de Hiroshima y Nagasaki, comenzó su lucha sin descanso por el cese de las guerras. En 1985, a los cuarenta años de Hiroshima, Rotblat resumió así su posición: “¿Hemos aprendido lo bastante para no repetir los mismos errores? Ni siquiera estoy seguro de mí mismo. No siendo un pacifista radical, no estoy seguro de no portarme otra vez del mismo modo. Parece que siempre se olvidan los conceptos sobre la moralidad, una vez que empiezan las acciones militares. Por tanto, es de máxima importancia no permitir que tal situación se desarrolle de nuevo. Nuestros esfuerzos mayores deben concentrarse en evitar unja guerra nuclear porque no sólo desaparecería la ética, sino toda nuestra civilización”.

Su amigo y colaborador Bertrand Russell le dedicó estas palabras en 1969: “Muy pocos pueden ser sus rivales en el coraje, en integridad y en la abnegación total con la que abandonó su propia carrera científica (en la que, sin embargo, sigue siendo eminente) para dedicarse a combatir el peligro nuclear y otros relacionados. Si alguna vez se erradica ese mal y se enderezan los asuntos internacionales, su nombre deberá estar muy alto entre los héroes”.

Este premio, el Noble que recibió, lo considero más que merecido tras haber sobrevivido a las dos guerras mundiales y haber intentado evitar la Guerra Fría a toda costa. Muchos científicos afirmaron que, de no haber sido por su deseo de luchar por la utópica idea de la paz mundial, Rotblat parecía estar destinado a realizar grandes avances científicos durante los cuarenta años que dedicó a su labor pacifista. Para un científico, que siempre es susceptible de dejarse llevar por la vanidad, el hecho de abandonar su carrera para servir a otros apunta a una admirable actitud desinteresada.

He de admitir que me sorprende gratamente que este hombre, que no tenía más credo que su fe en la humanidad, pudiera dejar de lado todo el dolor que sufrió en su juventud,  la rabia y la tristeza que debió suponerle el perder a su esposa a manos de los nazis, y la vergüenza y el sentimiento de traición de verse utilizado en el desarrollo del Proyecto Manhattan; para, aún así, tener fuerzas y esperanza para luchar por la Paz.

En el discurso que dio al recibir este premio hizo más de una reseña al Manifiesto Einstein-Russell, de las cuales merece destacar la siguiente:

“Este es, pues, el problema que os presentamos, escueto, terrible e inescapable: ¿pondremos fin a la raza humana o renunciaremos a la guerra?”.

Y como colofón añadió por su cuenta:

“La búsqueda de un mundo sin guerra tiene un objetivo básico: la supervivencia. Pero si durante el proceso aprendemos cómo lograrlo por medio del amor y no del miedo; por bondad y no coacción; si en proceso aprendemos a combinar lo esencial con lo divertido, lo conveniente con lo benévolo, lo práctico con lo hermoso, esto será un incentivo extra para embarcarnos en esta gran tarea.

Por encima de todo, acordaos de la humanidad.”

 

BIBLIOGRAFÍA

“De la agresión a la guerra nuclear. Rotblat, Pugwash y la Paz”. Jesús Martín Ramírez y Antonio Fernández-Rañada. Ediciones Nobel, Oviedo, 1996.

http://laaventuradelaciencia.blogspot.com.es

2 respuestas a Joseph Rotblat

  1. geowally dice:

    Como creo que era de esperar, el primer post que leo es el de otra persona que ha trabajado sobre el mismo cioentífico que yo.
    A cerca del científico no comentaré nada, puesto que creo que a ti te ha sorprendido tanto como a mi. como científico y sobre todo como persona.
    Viendo tu trabajo pienso que, al contrario de lo que manifiestas tu, si le haces justicia. Creo que has trabajado mucho y muy a fondo en este personaje, y esto se ve plasmado en tu entrada.
    Ha muchas cosas en las que coincidimos pero ha otras que yo no sabía y las he aprendido leyendo tu post.
    Muy buen trabajo.

  2. juanvillaluenga dice:

    Has realizado un trabajo extraordinario. Riguroso, extenso, bien documentado y ameno. Me ha encantado leerlo.

    Enhorabuena!!!

    Has trabajado sobre los aspectos biográficos de tu científico. Y además has incorporado tu valoración personal. Y se nota que esta última parte es fruto de tus reflexiones personales, y no te has limitado a “copiar y pegar”.

    Te reitero mis felicitaciones por tu trabajo.

    Los profesores de CiCo.

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